Textile workers using digital tools in a factory setting. As new technologies reshape workplaces, foundational, digital and socio-emotional skills are becoming increasingly important for accessing quality jobs. © Pexels/ EqualStock IN

ILO
¿Viejas competencias para nuevas tecnologías?

Isaure Delaporte, Economista, Departamento de Investigaciones y Estadísticas, OIT – Hannah Liepmann, Economista, Departamento de Investigaciones y Estadísticas, OIT

La inteligencia artificial tiene importantes implicaciones para las competencias que necesitan los trabajadores a fin de acceder a empleos de calidad. Este artículo sostiene que las competencias fundamentales, más que los conocimientos especializados en inteligencia artificial, serán esenciales para que la fuerza de trabajo pueda afrontar esta transformación.

La rápida adopción de la inteligencia artificial está transformando los mercados de trabajo. Dado el estado actual de la tecnología, el 24 por ciento de los trabajadores de todo el mundo están potencialmente expuestos a la IA. Se prevén algunas pérdidas de empleo, que requerirán una respuesta política sólida para apoyar a los trabajadores afectados. Sin embargo, es probable que la mayoría de los empleos se transformen en lugar de desaparecer (Berg 2024; Gmyrek et al. 2025).

La evolución de las competencias requeridas es un elemento importante de esta transformación. Esto plantea la cuestión de qué competencias necesitan los trabajadores para adaptarse a la IA y, en última instancia, acceder a empleos de calidad. Resulta fácil suponer que serán necesarias «competencias en IA». En este artículo analizamos en profundidad esta noción.

Sostenemos que el principal desafío no consiste tanto en invertir en conocimientos especializados en IA como en garantizar que el conjunto de la fuerza de trabajo pueda trabajar eficazmente junto a ella. Las «viejas competencias», en particular las competencias cognitivas y socioemocionales fundamentales, desempeñarán un papel clave en la adaptación de la fuerza de trabajo. Combinadas con conocimientos especializados en ámbitos concretos, estas competencias fundamentales constituyen la base de perfiles de competencias completos que ayudan a los trabajadores a acceder a empleos de calidad en la era de la IA.

¿Qué competencias se demandan?

En su nuevo informe de referencia sobre «Aprendizaje permanente y competencias para el futuro», la OIT analiza millones de vacantes de empleo publicadas en línea en el Brasil, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudáfrica, los Emiratos Árabes Unidos y el Uruguay (OIT 2026). Dado que estos países pertenecen a regiones a las que la literatura sobre competencias ha prestado menos atención, el análisis aporta nuevas perspectivas sobre la evolución de la demanda de competencias por parte de los empleadores en distintos mercados de trabajo.

En todos los mercados de trabajo en línea estudiados, las competencias socioemocionales y cognitivas figuran entre las capacidades solicitadas con mayor regularidad. Además, los empleadores buscan trabajadores con perfiles de competencias completos que combinen, por ejemplo, la comunicación y el trabajo en equipo con el pensamiento analítico y los conocimientos técnicos especializados. Los empleos que exigen este tipo de perfiles ofrecen salarios más elevados y mejores condiciones de trabajo, incluidas oportunidades de desarrollo profesional y entornos de trabajo colaborativos (OIT 2026).

Aunque pueda resultar sorprendente, la demanda de conocimientos especializados en IA sigue siendo baja. En el Brasil, Egipto, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, las competencias en inteligencia artificial y aprendizaje automático representan apenas alrededor del 1 por ciento del conjunto de competencias solicitadas en las vacantes publicadas en línea. Esta proporción es todavía menor en Marruecos, Sudáfrica y el Uruguay (OIT 2026; estas cifras corresponden a 2025 en el caso de Marruecos, a 2024 en los casos de Egipto, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, a 2023 en los casos del Brasil y el Uruguay, y a 2021 en el caso de Sudáfrica).

Los datos de varios países de la OCDE apuntan en la misma dirección. En estos países, la demanda de competencias relacionadas con la IA ha aumentado rápidamente desde la aparición de la IA generativa, pero se ha concentrado principalmente entre desarrolladores de software, científicos de datos y trabajadores de ocupaciones similares (Feimi et al. 2026; Borgonovi et al. 2023). Como resultado, pese a este rápido crecimiento, las competencias en IA siguen siendo un requisito en una proporción reducida del total de vacantes de empleo. Un estudio reciente del FMI muestra que, en 2024, las competencias en IA se mencionaban únicamente en alrededor del 4 por ciento de las vacantes de empleo en los Estados Unidos y Dinamarca, alrededor del 3 por ciento en Gran Bretaña y alrededor del 2 por ciento en Alemania (Jaumotte et al. 2026).

La IA cambia la forma de trabajar, pero no la importancia de las competencias fundamentales

Aunque se espera que la demanda de competencias en inteligencia artificial y aprendizaje automático siga creciendo y pueda hacerse más visible a medida que se disponga de datos correspondientes a un mayor número de años, desde un punto de vista conceptual resulta lógico que continúe siendo limitada. Esto no significa que la IA carezca de importancia. Todo lo contrario. La mayoría de los trabajadores son usuarios de la IA, no sus creadores. Cada vez recurren más a herramientas de IA «listas para usar» para redactar, programar, diseñar, buscar información y tomar decisiones. No diseñan ni entrenan por sí mismos los modelos de IA.

Esta nueva forma de trabajar requiere competencias fundamentales, más que conocimientos especializados en IA. Las competencias digitales proporcionan la base para utilizar las herramientas de IA y formular instrucciones. El pensamiento crítico permite a los trabajadores evaluar y adaptar los contenidos generados por la IA, detectando y corrigiendo errores y ajustándolos a contextos laborales específicos. La capacidad de pensar críticamente al utilizar herramientas de IA se ve reforzada por los conocimientos especializados del trabajador en su ámbito correspondiente, pero dichos conocimientos no tienen por qué ser específicos de la IA.

Incluso en los empleos que requieren conocimientos especializados en IA, los empleadores rara vez buscan estas competencias técnicas de manera aislada, y los perfiles de competencias completos vuelven a verse recompensados. En los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, las vacantes que requieren competencias en inteligencia artificial y aprendizaje automático están asociadas a una importante prima salarial del 17,6 por ciento. Esas mismas vacantes exigen competencias cognitivas básicas en el 84 por ciento de los casos. Las competencias socioemocionales también desempeñan una función complementaria esencial en estas ocupaciones: se solicitan competencias sociales en el 88 por ciento de los casos y competencias de atención al cliente en el 67 por ciento (OIT 2026; El Hage Sleiman et al. 2025).

El papel de las competencias socioemocionales

Una cuestión particularmente interesante es cómo evolucionará la demanda de competencias socioemocionales. La IA ha comenzado a formar parte de la comunicación humana, ya sea en la atención al cliente, la mediación de conflictos o como fuente de asesoramiento. En la medida en que esta tendencia continúe, sus efectos se harán sentir en el mercado de trabajo y más allá de este. En palabras del filósofo Emmanuel Levinas, la interacción humana implica que «el rostro me habla y, de ese modo, me invita a una relación» (Levinas, 1979, pág. 198). Esto plantea cuestiones fundamentales a las que será necesario responder para determinar en qué medida y de qué manera deberían intervenir las máquinas en la interacción humana. Al fin y al cabo, la comunicación directa, la posibilidad de desacuerdo y la posterior búsqueda de un entendimiento en torno a las decisiones constituyen una base de las relaciones interpersonales, también en los lugares de trabajo.

Sin embargo, también es posible otro escenario. La IA puede ayudar a realizar actividades físicamente exigentes, permitiendo que los trabajadores se especialicen más en tareas socioemocionales que la tecnología no puede desempeñar con facilidad. Algunas residencias de mayores japonesas, por ejemplo, han incorporado robots dotados de IA para levantar a los pacientes y supervisar información (véase Lee et al. 2025). El trabajo humano sigue siendo un componente fundamental de estos procesos, pues ¿quién, si no, colocaría al paciente en la posición adecuada para que el robot pudiera levantarlo? Sin embargo, también existe la posibilidad de que los trabajadores puedan dedicar más tiempo a interactuar directamente con los pacientes. Estas dinámicas serían similares a las observadas durante las primeras olas de informatización de los lugares de trabajo, cuando los mercados laborales empezaron a recompensar cada vez más el trabajo en equipo y las interacciones entre trabajadores y clientes (Deming 2017).

Implicaciones para las políticas

Desde el punto de vista de las políticas, la importancia central de los perfiles de competencias completos y de unas competencias fundamentales sólidas en la era de la IA refuerza la necesidad de garantizar un aprendizaje de calidad a lo largo de toda la vida laboral. En la actualidad, existe un intenso debate en torno a las necesidades de los trabajadores que se encuentran al inicio de su carrera profesional (por ejemplo, Brynjolfsson et al. 2025; Lambert y Schindler 2026). El desarrollo inclusivo de competencias será igualmente importante para los trabajadores con experiencia, especialmente teniendo en cuenta que muchas fuerzas de trabajo de todo el mundo siguen envejeciendo.

El debate sobre la importancia de las competencias socioemocionales también arroja luz sobre la forma en que las sociedades valoran distintos tipos de trabajo, especialmente en los sectores que generan valor social. Las competencias socioemocionales conllevan una prima salarial considerable en los servicios empresariales, pero no ocurre lo mismo en el caso de los trabajadores de los cuidados, quienes, paradójicamente, son los que más dependen de estas competencias (Liepmann y Hegewisch, 2025).

Por consiguiente, la solución en materia de políticas no consiste únicamente en invertir en más competencias. Las sociedades y las economías también deben reconocer, valorar y recompensar mejor las competencias que los trabajadores ya poseen (OIT 2026; OIT 2023). Las inversiones en la creación de empleo en sectores en crecimiento, incluida la economía del cuidado, contribuyen a garantizar que las competencias de los trabajadores se correspondan con empleos de calidad, al igual que las políticas que promueven condiciones de trabajo decentes.