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DGA Ellard: La OMC está tomando medidas para que el comercio beneficie a las mujeres

En su discurso de apertura del seminario web del Programa de Cátedras OMC titulado “Comercio inclusivo: Perspectivas jurídicas y económicas sobre género y comercio”, impartido el 17 de diciembre, la Directora General Adjunta Angela Ellard habló de las maneras en que la política comercial puede contribuir al empoderamiento económico de las mujeres. Subrayó las últimas novedades en relación con la institucionalización de la cuestión del género en la OMC e hizo hincapié en la importancia de las investigaciones sobre comercio y género realizadas en el marco del Programa de Cátedras. A continuación figura el texto íntegro de su discurso.

Señoras y señores:

Es un placer para mí participar en este acto de presentación de un proyecto muy importante del Programa de Cátedras OMC, en el que se estudian las interacciones entre el comercio, el empleo y el trabajo decente para las mujeres.

La economía mundial no es neutra en cuanto al género. Los datos muestran que a nivel mundial las mujeres representan el 38% de la fuerza de trabajo, pero solo reciben el 77% de lo que ganan los hombres. En todo el mundo, 606 millones de mujeres proporcionan cuidados no remunerados a tiempo completo, frente a tan solo 41 millones de hombres.

El comercio tampoco es neutro en cuanto al género. Las mujeres tropiezan con mayores obstáculos que los hombres para acceder al mercado mundial y a las oportunidades económicas creadas por el comercio. Las mujeres empresarias se enfrentan a costos comerciales más elevados que los hombres, lo que les impide proyectarse a nivel internacional. Por consiguiente, solo exporta una de cada cinco pequeñas empresas propiedad de mujeres.

Las desigualdades de género son un problema generalizado y la pandemia de COVID-19 ha ampliado las brechas existentes entre hombres y mujeres hasta tal punto que, en el mundo actual, muchas mujeres han experimentado un retroceso económico y social. El año pasado las mujeres perdieron más de 64 millones de puestos de trabajo, lo que representa una pérdida del 5%, frente al 3,9% en el caso de los hombres. Sin embargo, solo el 9% de todas las medidas adoptadas para mitigar el impacto de la COVID-19 están dirigidas a promover la seguridad económica de las mujeres.

Las mujeres empresarias han quedado excluidas de facto de muchos paquetes de medidas de alivio establecidos por los Gobiernos porque la admisibilidad está condicionada a unos requisitos que no pueden cumplir, ya que sus empresas son a menudo más pequeñas. La mayoría de ellas son autónomas y muchas trabajan desde casa, lo que impide que puedan beneficiarse de las medidas de alivio, que a menudo se aplican únicamente a las empresas que tienen más de un determinado número de empleados.

Podemos cambiar este paradigma gracias al comercio. El comercio inclusivo puede dar acceso a las mujeres al empleo, el trabajo decente y el empoderamiento económico. El comercio puede cambiar las cosas al sacar a las mujeres de la pobreza y, por consiguiente, también a sus familias.

De hecho, las empresas que comercian a nivel internacional emplean a más mujeres.

En todo el mundo, las mujeres representan el 33% de la fuerza laboral de las empresas exportadoras y el 24% de la de las empresas que no son exportadoras. Además, las mujeres representan el 36% de la fuerza laboral de las empresas que participan en las cadenas de valor mundiales y el 38% de la de las empresas de propiedad extranjera. Esta cifra es superior en 11 y 12 puntos porcentuales a la de las empresas que no forman parte de las cadenas de valor mundiales y son empresas de propiedad nacional.

En algunos países, como Marruecos, Rumania y Viet Nam, las mujeres constituyen el 50% o más de la fuerza laboral de las empresas exportadoras, que crean empleo para más de 5 millones de mujeres en esos países. Y eso representa aproximadamente el 15% de la población femenina que trabaja en esos países.

El comercio también puede liberar a las mujeres del sector informal, en el que las mujeres suelen concentrarse, así como de los riesgos que conlleva ese tipo de trabajo. Por ejemplo, en el Afganistán, el 96% de las empresas propiedad de mujeres carecen de licencia. Trabajar en el sector informal priva a las mujeres de la protección de las leyes laborales y de los beneficios sociales. Las mujeres trabajan por salarios más bajos y en condiciones inseguras. El comercio les ofrece la oportunidad de trabajar de manera más segura y de llevar a cabo sus actividades en el sector formal. Según nuestro estudio conjunto con el Banco Mundial, la probabilidad de tener un trabajo informal disminuye del 20% en los sectores con bajos niveles de exportación al 13% en los sectores con altos niveles de exportación.

No hay duda de que se trata de datos interesantes, pero tenemos que entender lo que hay realmente detrás de esas estadísticas: es decir, las normas comerciales y los acuerdos comerciales mundiales, entre ellos los que se concluyen en la OMC. Por lo tanto, permítanme explicar con más detalle cómo el comercio fomenta el empleo femenino y mejora las condiciones de trabajo de las mujeres.

En primer lugar, la política comercial puede crear oportunidades para que las mujeres ingresen a la fuerza laboral.

En los últimos decenios, la mayoría de los Miembros de la OMC han elaborado políticas comerciales con perspectiva de género que promueven el empleo de las mujeres. Esas políticas tienen por objeto apoyar el crecimiento económico y el desarrollo, o incluso resolver la insuficiencia de mano de obra en los sectores orientados a la exportación mediante la contratación de mujeres, lo que contribuye a impulsar esas economías. Nigeria, por ejemplo, fomentó la participación de la mujer en el sector de la construcción, en el que se había identificado una escasez de mano de obra. Del mismo modo, en Zambia, se alentó a las mujeres a trabajar en el sector minero, en el que predominan los hombres.

Muchos Gobiernos incluyen el empoderamiento económico de las mujeres y la integración de estas en el mercado de trabajo como una prioridad fundamental de sus estrategias nacionales de comercio e inversión.

Utilizan principalmente incentivos financieros para alcanzar ese objetivo. Por ejemplo, algunas políticas comerciales prevén apoyo financiero a los principales sectores de exportación si contratan a mujeres. Otras se centran en volver a integrar a las mujeres que han interrumpido su carrera profesional o en reducir el número de mujeres que dejan de trabajar debido a la maternidad. Algunas establecen el empleo femenino como criterio para poder beneficiarse de la ayuda.

Al apoyar a las empresarias, los Miembros de la OMC también apoyan el empleo femenino.

Por ejemplo, algunas políticas comerciales ofrecen incentivos financieros en forma de bonificaciones fiscales para alentar a las pequeñas empresas a volver a emplear a mujeres desconectadas del mundo del trabajo. Estos incentivos se otorgan tanto a las pequeñas empresas de hombres como a las de mujeres, pero los Gobiernos también pueden promover el empleo de las mujeres centrando la ayuda en las mujeres empresarias.

De hecho, las empresarias suelen emplear a un gran número de mujeres. Los datos de encuestas regionales de la OMC en Asia Meridional, África Oriental y América Latina muestran que en las empresas con menos de 10 empleados, en su mayoría propiedad de mujeres, el 57% de los empleados son mujeres.

Además, la política comercial puede equilibrar la balanza en favor de las mujeres reduciendo la discriminación por razón de género y creando condiciones de trabajo más decentes.

Algunas políticas comerciales han contribuido al empoderamiento social de las mujeres.

La política comercial puede transformar el trabajo doméstico y los cuidados no remunerados en un trabajo remunerado. Por ejemplo: el Japón abrió sus sectores de servicios al personal doméstico extranjero, con miras a promover la participación de la mujer en la sociedad, atender su necesidad de asistencia para las tareas domésticas, fomentar el crecimiento económico y crear puestos de trabajo para otras mujeres.

La política comercial puede reducir las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Por ejemplo, la política de contratación pública de Suiza condiciona la adjudicación de contratos al requisito de que las empresas tengan y apliquen una política interna de igualdad salarial.

Algunas políticas comerciales que no estaban dirigidas principalmente al empoderamiento económico de las mujeres han dado lugar a mejores condiciones de trabajo para las mujeres e incluso a una mejor legislación social sobre la igualdad de género. Eso es lo que ocurrió en Filipinas, donde el Gobierno adoptó medidas para apoyar al sector de servicios de contratación externa de procesos empresariales (o servicios auxiliares). Inicialmente, la finalidad de esas medidas era apoyar al sector en general, pero más del 55% de los trabajadores del sector son mujeres. Así pues, las medidas destinadas a impulsar el sector tuvieron un efecto positivo en la igualdad de género.

En muchos países las mujeres han quedado excluidas de determinadas profesiones que requieren mucho esfuerzo físico o se consideran peligrosas, lo que les ha vedado el acceso a puestos mejor remunerados en sectores en los que tradicionalmente predominan los hombres. Pero la situación está cambiando. Por darles solo algunos ejemplos recientes: en 2018 Ucrania, donde la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 20%, suprimió la lista de 458 profesiones en las que, por ley, las mujeres no podían trabajar. Kazajstán, donde las mujeres ganan por término medio un 32% menos que los hombres, hizo lo mismo hace unos meses. Entre las más de 200 profesiones que anteriormente estaban prohibidas a las mujeres había algunas relativamente bien remuneradas en los sectores de la construcción, la minería y la extracción de petróleo. Se trata de un paso importante ya que las mujeres ganan tres veces más en esos sectores de fuerte presencia masculina.

El siguiente punto que quiero destacar es que en algunos acuerdos comerciales se han abordado cuestiones relacionadas con el empleo femenino.

Algunos acuerdos comerciales, especialmente los más recientes, contienen disposiciones e incluso capítulos sobre género. Reconocen la contribución de las mujeres al crecimiento económico, el desarrollo sostenible y la transformación socioeconómica.

Algunos acuerdos establecen la igualdad de género en el lugar de trabajo como objetivo fundamental. Otros presentan un conjunto de medidas, como la creación de capacidad y la mejora de las competencias profesionales de las mujeres; programas de promoción de la igualdad de género en las empresas; la recopilación y utilización de estadísticas laborales desglosadas por género; o la adopción de tecnologías que garanticen la estabilidad del empleo y el avance profesional de las mujeres trabajadoras.

Ciertos acuerdos comerciales también abordan las condiciones de trabajo de las mujeres centrándose en la atención infantil, la lactancia materna, la prevención de la violencia y el acoso basados en el género en los lugares de trabajo, y la eliminación de la discriminación profesional por razón de género.

La OMC también está contribuyendo a ello.
Desde 2017, dos tercios de los Miembros están estudiando cómo el comercio puede promover el empoderamiento económico de las mujeres. Durante el último año, esos Miembros elaboraron la primera Declaración formal de la OMC sobre el comercio y la igualdad de género, apoyada hasta la fecha por 121 Miembros de la OMC, que se adoptará en la Duodécima Conferencia Ministerial de la OMC cuando tenga lugar.

Mediante esa Declaración, esos Miembros adoptan medidas en esferas fundamentales para impulsar el empoderamiento económico de las mujeres a través del comercio, como la recopilación de datos desglosados por género, la integración de la perspectiva de género en la formulación de políticas comerciales y la Ayuda para el comercio y la promoción del liderazgo de las mujeres. Esta Declaración da a la OMC el firme mandato de trabajar sobre el comercio y el género.

Otro avance positivo es la inclusión de una disposición sobre no discriminación en el acuerdo plurilateral sobre la reglamentación nacional en el ámbito de los servicios concluido hace unas semanas entre 67 Miembros de la OMC. Esa disposición prohíbe la discriminación entre hombres y mujeres en el contexto de los procedimientos de autorización para los proveedores de servicios. Se trata de la primera disposición sobre igualdad de género en un resultado negociado en la OMC.

Estos avances institucionalizan aún más la cuestión del género en la OMC, que pasa de ser una organización insensible a las cuestiones de género a una organización con perspectiva de género.

Para terminar, quiero destacar el Tratado de Versalles de 1920, que establece el principio de paz universal y estipula que esta solo puede lograrse si se basa en la justicia social. Además, añade que uno de los componentes de la justicia social es la protección de las mujeres.

Se preguntarán seguramente por qué me refiero a este tratado y qué relación puede tener con el comercio. Pues este Preámbulo figura en la pared de la entrada principal del edificio de la OMC. Creo que este mensaje del pasado es muy significativo, sobre todo ahora que la pandemia de COVID-19 ha destruido la seguridad económica de tantas mujeres y que las sociedades se esfuerzan por protegerlas.

Por lo tanto, nunca se insistirá lo suficiente en la importancia de la investigación sobre el comercio y el género llevada a cabo bajo los auspicios de nuestro Programa de Cátedras. La OMC está tomando medidas para lograr que el comercio beneficie a las mujeres y, cuando mejora la situación de las mujeres, también mejoran las sociedades.

Muchas gracias.

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